En Chile la realidad no es distinta, los jóvenes de entre los 18 y 29 años han disminuido su participación respecto al total de la población, en el año 1988 estaban inscritos 2.676.878 jóvenes, representando el 36% del padrón electoral total, que a su vez correspondía al 91% de la población juvenil de Chile. En el año 2006 estaban inscritos 687.182 jóvenes, representando el 8,5% del padrón electoral total y que correspondía al 22% de la población de este grupo etáreo.
Si revisamos la 5ta encuesta del INJUV, nos damos cuenta que de los jóvenes encuestados el 30.7% está inscrito en los registros electorales y un 68.1% no lo está. Por otro lado, sólo el 29.9% tiene la intención de inscribirse el los registros electorales al cumplir los 18 años.
Hoy sólo 1 de cada 5 jóvenes está inscrito en el Servicio Electoral y están ausentes de este padrón 2.450.000 jóvenes. Sólo para tener una idea del potencial electoral de este segmento ausente recordemos las cifras de la segunda vuelta electoral del año 2006: Michelle Bachellet obtuvo 3.723.019 votos contra 3.236.394 votos de Sebastián Piñera, con una diferencia entre ambos de 486.625 votos. Ante esta realidad no podemos dejar de preguntarnos: ¿Qué pasaría si participaran los 2.450.000 jóvenes que hoy no ejercen su derecho a voto?, ¿Seríamos capaces de levantar con mayor fuerza nuestro rechazo a la exclusión juvenil?
Aumentar la participación se hace necesario, debemos abrir el debate respecto a la importancia de la participación y organización juvenil, debatir en torno a la política y la inscripción electoral, para romper con el apolitismo y el individualismo.
Tarea no menor, si consideramos que se debe posicionar la necesidad de la política y la validez de los partidos políticos en una juventud fuertemente asediada por construcciones sociales y culturales que a diario les dicen lo contrario.
Strambotikka
